NO A LA LÓGICA DEL CEMENTO, HAY ALTERNATIVAS

Para tratar de comprender la lógica del embalse de Mularroya hay que remontarse décadas atrás. En 1960 se inauguró el embalse de la Tranquera, que significó una transformación radical de la producción agraria en el valle del Jalón. La regulación de caudales permitió extender el regadío y aumentó las rentas las poblaciones ribereñas.

Ya desde 1970 se planteaba la posibilidad de hacer nuevos embalses laterales con el objeto de regular al máximo el Jalón y realizar definitivamente la profecía de Costa de que el crecimiento económico equilibrado en Aragón pasaría necesariamente por el desarrollo máximo de la huerta. La pútrida semilla de la pantanización había sido plantada, desde entonces los tecnócratas sueñan con regular completamente los ríos del Reino de España, conectar cuencas sin prejuicios y evitar que el agua se “pierda en el mar”.

El Pacto del Agua de 1992 puso por escrito la gris aspiración de los tecnócratas y planteo una regulación integral del Jalón en dos fases: la construcción de los pantanos de Lechago y Mularroya y el recrecimiento de la Tranquera, por un lado. Y la construcción en segunda fase de embalses más pequeños, Valladar, Embid, Moros y Ribota. El proyecto de Mularroya, en ejecución desde febrero de 2008,  platea la construcción de un embalse de 110 hm3 en el río Grío, justo antes de su llegada al Jalón, este entibo sería alimentado por un canal subterráneo que traería agua desde un azud ubicado en Calatayud.

El objetivo del pantano de Mularroya sería asegurar el riego del Bajo Jalón hasta más del 80% –en la actualidad  el riego garantizado en sequía es de poco más del 30%– así como aumentar las actuales 21.250 Ha de regadío en 5.000 más, que para dar emoción al asunto no tienen ubicación concreta.

Si la obra no se para, pasados siete años y gastados 172 millones de euros, más sobrecostes y comisiones diversas, el pantano entrará en servicio. En este tiempo  se habrá perdido para siempre el entorno de Mularroya, varios yacimientos arqueológicos habrán sido vaciados apresuradamente, se habrá destruido patrimonio paleontológico, desaparecerá el LIC de la Sima del Arbolico y sus murciélagos y resultarán dañadas parte de las “Hoces del Jalón”, que ad hoc fueron declaradas ZEPA solo parcialmente para que no parara la fiesta destroyer. Por si no fuera poco, 25 km del río Jalón se transformarán en un regato nauseabundo que nada tendrá que envidiar a los regueros de mierda del levante peninsular como el río Segura.

La asociación Jalón Vivo, con apoyo de diferentes asociaciones e instituciones de la cuenca, iniciaron una batalla judicial que culminó en Julio pasado con la anulación en la Audiencia Nacional del estudio de impacto ambiental, el anteproyecto y el proyecto de embalse de Mularroya. Hoy recaudan dinero para poder asumir el nuevo proceso. La CHE sin embargo no paraliza las obras.

Lo peor es que hay alternativas. Según estudios ya realizados, la gestión integral del acuífero de Alfamén permitiría asegurar los regadíos del Bajo Jalón incluso aumentar en 1000 ha la superficie regada. La gestión adecuada del acuífero implicaría recurrir a las aguas subterráneas como sistema natural de almacenamiento, con lo que se deberían instalar sistemas de medición que controlaran los niveles del acuífero. Además se deberían construir sistemas de recarga artificial del acuífero para asegurar un uso sostenible de las aguas subterráneas, así como baterías de pozos para la extracción del agua cuando fuera necesaria en los meses áridos. Además habría que constituir una Comunidad de Regantes de Aguas Subterráneas, que trabajara de forma coordinada con las comunidades de regantes existentes y se encargara de la gestión de pozos y el control de contadores. Esta alternativa, si se comenzara a construir hoy, daría servicio tres o cuatro años antes que el pantano, sería extraordinariamente más barata y mucho menos agresiva con el medio.

Pero para la clase política regionalista y para la CHE el problema sea quizá renunciar al modelo desarrollista con el que históricamente han desarrollado sus redes clientelares. Nunca contemplarán la alternativa de realizar acciones muy localizadas, estudiadas, con mínimo coste y mínimo impacto, con la máxima eficiencia, proyectos realizados en base a realidades objetivas y necesidades concretas.

Prefieren plantear el productivismo como único futuro para el campo, cuando es una receta que solo beneficia los intereses de la agroindustria y las plataformas comercializadoras. Desde hace décadas las infraestructuras hidrológicas no paran de crecer en Aragón, Cataluña y otros países peninsulares, desde hace décadas el valor de los productos agrarios no deja de caer, cada año hace falta una propiedad más y más grande para poder vivir de la fruta dulce. El productivismo no es sino una dalla que arrasa el campo y cada día expulsa del territorio a más y más gente.

¿Por qué no una legislación que proteja los precios justos en el campo y en la mesa? ¿Por qué no una ley que defienda la rentabilidad de los cultivos y  proteja el empleo agrario? ¿Por qué no una ley que proteja nuestro patrimonio campesino, nuestro paisaje y la calidad de nuestros alimentos? ¿Por qué se sigue apostando por los pantanos y el productivismo? ¿Por qué no una ley de tramos de beneficio? Es inadmisible que las políticas agrarias estén hechas contra el campo y diseñadas por los lobbys europeos de la agroindustria. Mientras el campo se ahoga en la sobreproducción, indefenso frente a la industria, la única salida que se plantea es la pantanización, profundizar el proceso, anegar definitivamente nuestro territorio bajo los intereses de la agroindustria.

Porque el campo no necesita aplazar los problemas. Menos cemento, menos pantanos y menos paternalismo. El soberanismo aragonés reconoce en los hombres y mujeres del campo su labor social en la producción de alimentos y en consecuencia defenderemos que su trabajo se proteja por ley frente a la especulación de las plataformas comercializadoras y las grandes superficies. Consideramos la PAC como una ofensiva neoliberal y las subvenciones como un subsidio antisocial que incentiva la gran producción. La receta para el campo: que la carne no procesada no le pueda costar al consumidor más del doble de lo que cuesta en la ganadería, que los productos vegetales no superen en la tienda cuatro veces el precio pagado en el campo.

NO A LOS PANTANOS, NO A LA LÓGICA DEL CEMENTO!

PRECIOS JUSTOS EN EL CAMPO Y EN LA MESA !

Puyalón de Cuchas

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