Ante la Reforma de la Ley de Cajas que regula el funcionamiento y finalidad de las Cajas de Ahorro

Historia y situación actual de las Cajas

El asalto a las Cajas de Ahorros es un acontecimiento histórico fascinante, de una belleza macabra. Las Cajas de Ahorros no son si no el vestigio histórico de los Montes de Piedad del S. XV, en Aragón data en 1738, con la creación del Monte de Piedad de Zaragoza. Eran casas de empeño que ofrecían crédito a los más pobres, con intereses muy bajos que protegían de la usura a menestrales y pequeños artesanos y comerciantes. Con el tiempo evolucionan hasta convertirse en Cajas de Ahorro, también para pobres, prestando pequeñas cantidades de dinero.

Su Estatuto Jurídico moderno se lo debemos a las Cortes de la II República Española,  pues sería en 1933 cuando, a propuesta del PSOE, se renovó la legislación de Cajas bajo mandato del entonces Ministro de Trabajo Francisco Largo Caballero. En 1971 se suprime el Instituto que regulaba las Cajas de Ahorro, y estas pasan a depender del Banco de España. Es en 1977 cuando se eliminan las restricciones legales a su actividad, permitiéndoles ofrecer los mismos servicios que los Bancos, en el marco de unas profundas reformas económicas que la derecha franquista española, todavía en el gobierno, estaba acometiendo. Es entonces cuando se abren las cajas a la especulación con el suelo, practica muy de la oligarquía española desde las épocas del desarrollismo franquista.

Hasta ahora las Cajas de Ahorros habían sido entidades financieras similares los Bancos pero sujetas a una normativa diferenciada con similares posibilidades aunque con dos limitaciones sustanciales. Por un lado, las Cajas han de destinar por Ley una parte importante de los beneficios a la Obra Social, mientras que los Bancos los reparten entre su accionistas. Y en segundo lugar, las Cajas no podían acudir a los mercados internacionales –sí los Bancos-, lo que permitía que el crédito se otorgase en el entorno geográfico (área de actuación local) de la Caja y de él se beneficien empresas y particulares de manera directa o indirecta, bien mediante el acceso al crédito, bien porque la inversión se realiza en dicho entorno (al menos teóricamente). Su clientela han sido tradicionalmente particulares y pequeñas y medianas empresas. Cabe añadir que algunas Cajas son de carácter Rural y otras Cooperativas de Ahorro y Crédito, pero que funcionan del mismo modo que las anteriores.

Proceso de bancarización de las Cajas

El señor Zapatero afirmó recientemente que la Reforma de la Ley de Cajas “se ha desarrollado para modernizar y hacer más eficiente el sistema financiero español”. Cabría preguntarse para quién van a ser más “eficientes”. Como Cajas de Ahorro está claro que no mejorarán, dado que las aleja sustancialmente del primigenio motivo por el cual nacieron y se desarrollaron.

Asimismo, se pone en duda la continuidad de la Obra Social de éstas si se convierten en Bancos, opción que queda abierta tras la aprobación de la presente reforma. Algunas entidades como IberCaja ya han comenzado este proceso. También es significativo que esta medida se ponga en marcha mediante procedimiento de urgencia, quedando en entredicho la seriedad del Gobierno del PSOE, su previsión y planificación, y el verdadero objetivo de la reforma.

Se facilita con la nueva Ley la conversión de las Cajas de Ahorro en Bancos con el único objetivo de que estas puedan acudir a los mercados financieros como cualquier otro banco y de esta manera, no solo,  “inyecten” flujos de capital en los mercados internacionales, si no que se conviertan en clientes de la gran banca trasnacional.

Las Cajas de Ahorro, que a partir de ahora podrán convertirse o crear Bancos, podrán vender hasta el 50% de los activos financieros a particulares o Bancos sin dejar de ser cajas. Es decir, mediante la creación de dichos Bancos las Cajas cotizarán en bolsa; los partidarios de que esto suceda argumentan que el objetivo es elevar la solvencia.

Técnicamente las Cajas, al no ser S.A. (aunque en adelante puedan parecerse), no denominarán a sus acciones de esta forma. Las acciones que cotizarán en bolsa de las Cajas se llamarán “cuotas participativas” y, al suprimir el límite de posesión de participaciones un único accionista podrá ser dueño de hasta la mitad de una Caja.

¿Cómo transformar las Cajas en Bancos?

La nueva reforma abre diferentes posibilidades a las Cajas para convertirse o trabajar como Bancos, dando facilidades a estas para lograr el último objetivo de capitalización de los mercados internacionales. Podrán mantener sus nombres pero es el fin de las Cajas de Ahorro, al menos como hasta ahora las habíamos conocido, siendo posible incluso que dejen de ser Cajas.

En adelante, las Cajas podrán integrarse en un Sistema Institucional de Protección (SIP) que les dará acceso directo a los mercados. Un SIP es un mecanismo de consolidación de entidades de crédito concebido para su mutua autoprotección, es decir, lo que en los medios denominan como Fusión Fría. Cuando las Cajas agrupadas en una SIP vendan más del 50% de las acciones del Banco en el que se han agrupado dejarán de ser una Caja.

Podrán crear un Banco y traspasarle todo su patrimonio –el sujeto a la actividad financiera- y operar a través de este en los mercados, es la opción que ha sido elegida recientemente por la entidad aragonesa IberCaja. Incluso será posible que después de haber colocado la totalidad del negocio financiero en dicho Banco, vendan en bolsa hasta el 50% del mismo. Cuando vendan más de la mitad de las acciones del banco filial dejarán de ser Cajas. Dado este caso se  pierde su condición adoptando una figura nueva que es la de Fundación, pudiendo mantener de manera voluntaria la Obra Social con los recursos generados de la venta de acciones, posibilidad que desde Puyalón vemos altamente improbable. Se les permite incluso mantener sus siglas, aunque dejen de denominarse Cajas.

Las Cajas también podrán transformarse en Fundaciones y abandonar su condición de Caja de manera directa, sin recorridos transitorios.

Consecuencias Negativas de Bancarización e internacionalización

El futuro de la Obra Social:

Actualmente, las Cajas destinan el 20% de sus beneficios a esta causa. Hasta ahora el máximo que fijaba la Ley para destinar a la Obra Social era el 50% del beneficio, aunque teniendo un mínimo de obligatorio cumplimiento. Los Bancos reparten el 50% de los dividendos (beneficios) entre sus accionistas. En los últimos tiempos el aporte de las Cajas a la Obra Social ha caído de manera paralela al descenso de beneficios.

La Obra Social no es si no el retorno a la ciudadanía de parte de los beneficios que su propia actividad económica genera, ya que en lugar de satisfacer intereses privados la denominada Obra Social reinvierte la riqueza generada bajo criterios no mercantiles. Atendiendo al bien común mediante ayudas asociaciones, financiando investigación, inversión en equipamientos culturales, restauración de patrimonio, protección y potenciación del patrimonio natural, etc. La Obra Social, en su sentido original, significaba reinvertir los beneficios de los ahorros de decenas de miles de trabajadores y pequeñas empresas en la sociedad de donde surge esa riqueza: la Reforma de las Cajas no es si no poner al alcance del capital financiero internacional esos “terrenos vedados” que hasta ahora habían sido “propiedad comunal”. Con ésta reforma una mano larga e invisible está agarrándonos la cartera y robándonos, aprovechando el momento de caos generado por la crisis.

Es evidente que si las Cajas crean Bancos se verán obligadas a atender a las cuotas y acciones pagando los dividendos generados, lo que reducirá aun más el aporte a la Obra Social. Ésta será del todo voluntaria y los ejecutivos de la Banca/Caja en particular deberán tomar la decisión de si se reparten los beneficios, los emplean para especular o los destinan a obra social de manera altruista. Confiemos en ellos, y llegaremos lejos…

Además queda limitada en los órganos de las Cajas la presencia de Comunidades Autónomas, Diputaciones, Ayuntamientos y Sindicatos, que si bien no garantizaban el buen reparto de la Obra Social, podían ejercer de contrapeso de manera relativa a los intereses economicistas de los banqueros.

La progresiva degeneración de las Cajas hasta su reciente liquidación nos pone de nuevo ante ese horizonte de sociedad convertida en un mercadillo que pretendían combatir los hermanos franciscanos que fundaron en Italia las primeras Cajas de Ahorros. Esta degeneración y destrucción de lo que habían sido “espacios de resistencia” frente al liberalismo económico nos sitúa en el camino de la fractura social irreversible. Las reformas neoliberales de los ochenta y noventa han traído la crisis más grave en la historia del capitalismo. Y ahora, a base de políticas de austeridad, de saqueo de los “terrenos comunales” del estado del bienestar, de privatizaciones, pensionazos, etc. ha nacido ya la larva de una crisis difícil de imaginar, porque nunca ha acontecido nada similar.

Nuestra apuesta

Hasta ahora las Cajas, a pesar de ser entes públicos, no han estado sujetas a un control democrático real de la ciudadanía, sino más bien sujetas a caprichos políticos de los Partidos y Gobiernos. Es hora de someterlas a ese control y hacer que atiendan los intereses de trabajadoras y trabajadores.

Las Cajas de Ahorros caen en el abordaje del capital financiero ahora que son más necesarias que nunca. Deben ser restauradas en su espíritu original, para poner a salvo de la usura a las clases populares, para que el dinero de los pequeños ahorradores no sirva para aumentar el poder del capital financiero internacional, si no que contribuya a engrandecer esos “terrenos comunales” con la Obra Social.

Banca Pública aragonesa:

Desde Puyalón de Cuchas vemos de manera nítida la necesidad de contar con un sistema bancario aragonés público, que discurra por parámetros absolutamente diferentes a los que los grandes Bancos y Cajas nos tienen acostumbrados y se centre más los valores sociales, la cercanía y proximidad. Necesitamos Banca Pública útil a los intereses financieros de las clases populares y no esas redes de ladrones de guante blanco que sólo responden a la lógica del beneficio privado y la rentabilidad a corto plazo.

Por fortuna frente al saqueo del liberalismo ya han surgido hace años entidades financieras, de ahorro, de inversión, aseguradoras, etc. de carácter social y alternativo. Tienen por costumbre rechazar las prácticas especulativas y ligar su actividad a empresas productivas compatibles con el medio ambiente y la justicia social. Y están creciendo en los últimos tiempos, pero su relevancia social todavía es pequeña y no cuentan con ningún apoyo público. Todos los colectivos políticos, partidos o sindicatos de izquierdas deben marcar en su horizonte la construcción de un poder financiero democrático y social, partiendo del apoyo a las iniciativas ya existentes y exigiendo la expropiación de la banca criminal. Reconstruir financieramente esos “terrenos comunales” no solo es necesario si no que es posible.

Las finanzas son demasiado importantes como para quedar al margen de los valores y control democrático, la influencia del dinero es vital como para dejar que se gestione en base al beneficio privado de unos pocos. Es hora de de defender el bien común, los intereses de las clases populares.

Hay que sumar fuerzas y plantear alternativas para frenar  la imposición del modelo liberal, que defiende una sociedad coronada por el beneficio probado como principio rector. Es obligado plantar cara a esta “revolución conservadora” que supone un proceso de desposesión generalizada semejante a ese proceso de acumulación de capital del primer capitalismo.

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