Vivienda y especulación

En Aragón, de forma análoga a otros países del estado español, se vive una verdadera crisis social en relación a la vivienda. Los problemas de acceso a la vivienda, en propiedad y alquiler, son consecuencia directa de la especulación urbanística que ha centralizado la vida política y económica durante la práctica totalidad de las dos últimas décadas. Hoy, en medio de la crisis, con la burbuja inmobiliaria rota y desacralizada, lejos de haberse solucionado los problemas que esta planteaba se muestran algunas de sus consecuencias más terribles. Como la servidumbre de las hipotecas y la tragedia de los desahucios.

La especulación urbanística ha sido la vaca sagrada de la economía española desde los tiempos del desarrollismo franquista, cuando comenzó a aplicarse el modelo de construcción asociada al turismo en la costa mediterránea. Ni que decir tiene que promotores, entidades financieras y caciques locales se acostumbraron ya en pleno franquismo al negocio de la promoción privada de vivienda en un entorno social y político muy particular: caracterizado por el oscurantismo, la corrupción y la total ausencia de cualquier tipo de control ciudadano/democrático.

Olvidando aquellas proclamas de la transición en favor de la democracia, contra el caciquismo, etc, todos los partidos del turno político se han sumado en Aragón al festín de la especulación desde el control del gobierno autonómico y las cajas de ahorros. En lugar de atajar un sistema corrupto se han dedicado a alentarlo y a conformar el sustrato social donde el caciquismo rural franquista ha evolucionado y encontrado amparo bajo el sistema de partidos.

La cultura del pelotazo, sin embargo, ha conseguido legitimarse más allá de las oligarquías que son directamente beneficiarias. En este sentido hay que incorporar al análisis la cantidad ingente de empleo que ha generado la construcción. En condiciones de precariedad e inseguridad en ocasiones penosas, pero gran cantidad de empleo en definitiva y ocasionalmente muy bien remunerado. El que la construcción haya sido el principal yacimiento de empleo de las últimas décadas resulta ahora en uno de los principales problemas de la economía española en el contexto de la crisis.  La construcción era entendida como uno de “los motores de la economía”. Generaba gran cantidad de empleo, con la consiguiente generación de rentas en la clase trabajadora y su consiguiente repercusión en el consumo. Pero gripado el motor, en el mercado, no hay aceite ni gasolina que pueda hacerlo funcionar de nuevo. El empleo ha sido la justificación para políticas que han buscado alimentar ciclo económico especulativo, apostando por un modelo económico suicida con el beneplácito de los sindicatos del sistema.

Como  medidas “pro-ciclo” no solo debe entenderse la ley de suelo de José María Aznar, o las exenciones fiscales, también la escasa y cara promoción pública de viviendas y la política de vivienda extremadamente laxa han constituido “medidas pro-ciclo” que buscaban mantener artificialmente altos los precios de la vivienda.

Hoy, con la burbuja teóricamente desinflada, los precios de la vivienda solo han comenzado a caer. La clase trabajadora no tiene acceso ya al empleo que generaba la construcción. Pero sin embargo se ve obligada a acceder a la vivienda con unos precios abusivos, o a hacer frente al pago de hipotecas estrambóticamente infladas, pagando por las casas un valor que no tienen y que ya nunca volverán a tener (¿No era que la vivienda nunca baja?).

Tenemos que sumar a semejante embrollo la presión política para evitar una bajada fuerte de los precios de la vivienda. La vivienda y el suelo son los principales activos de la banca española. Un montón de papeles con numeritos que hoy no quieren decir nada, puesto que el valor nominal de la vivienda que atesora la banca en cantidades ingentes no se corresponde con su valor en el mercado. Con todo, la banca europea -franco-alemana- no parece tener el más mínimo interés en aclarar las cuentas de los activos inmobiliarios del reino de España. Comprensible: la mayor parte de las hipotecas están “empaquetadas” como productos financieros “secundarios” y colocadas en mercados de valores y comprados por esa banca franco-alemana. La misma banca que hoy colabora con la oligarquía española en mantener en la medida de lo posible los precios de la vivienda y evitar a cualquier preciso una bajada drástica o descontrolada que los arrastraría hacia el abismo. Lo que no hace si no perjudicar a la clase trabajadora, obligada a seguir rindiendo tributo pagando unas hipotecas infladas.

En Aragón la especulación ha traído consigo una profundización de los desequilibrios territoriales. Más allá de Zaragoza la especulación ha cuajado en Huesca y Teruel y algunas cabeceras de comarca, así como en los ejes turísticos pirenaicos. El caso de la montaña es todo un paradigma de aplicación del modelo económico de turismo+construcción, a imagen del desarrollismo de los 60, se han construido decenas de miles de viviendas de segunda residencia junto a las estaciones de esquí y en valles adyacentes siguiendo las rutas caprichosas de los ejes turísticos. Las quiebras de algunas constructoras llegaron justo a tiempo para impedir el desembarco del hormigón en Castanesa, inaugurando esa otra cara/momento de la especulación: la crisis.

Sin embargo, la especulación lleva ya décadas provocando otra crisis que no es tan visible, pero cala y apesta. Se trata de la corrupción, de la absoluta bancarrota de las instituciones. Se trata cacique de pueblo que secuestra la lista del padrón para controlas el censo electoral y conservar el “entrañable” poder de la recalificación familiar. Del alcalde y el concejal que a golpe de recalificación consiguen dinero para construir un palacio de congresos que distraiga la atención de su floreciente patrimonio inmobiliario. De los consejeros, que con la elegancia de un atracador, han estado dilapidando el patrimonio natural e histórico, cometiendo fraude de ley, apadrinando proyectos de especulación a gran escala sabiendo que esa oleada especulativa no iba a durar toda la vida y había que aprovechar el momento.

HACIA LA SUPERACIÓN DEL PROBLEMA DE LA VIVIENDA Y LA ESPECULACIÓN

La superación del modelo económico de la especulación urbanística no es sencilla si se pretenden extirpar todas sus implicaciones y consecuencias. Si que es sencillo sin embargo bajar los precios de la vivienda y favorecer el acceso a una vivienda digna y barata a las clases populares. Basta con un sistema bidireccional que enfrente el problema de la vivienda urbana vacía. Con dos piernas: incentivado el alquiler y la reforma, por un lado y persiguiendo, sancionando la vivienda vacía. Para esto se puede considerar una vivienda vacía aquella vivienda urbana que está desocupada injustificadamente por un por un periodo de dos años, como hace la Ley del derecho a la Vivienda de Catalunya, de 2007, o se puede considerar vivienda vacía una que permanezca desocupada por periodo de seis semanas, como sucede en las grandes ciudades de Dinamarca.

En realidad lo que hace falta es voluntad política de las instituciones para atajar la cuestión de la vivienda con políticas de vivienda radicales que jueguen en proporción variable con medidas que incentiven el alquiler barato y que penalicen la vivienda vacía. En PUYALÓN DE CUCHAS  tenemos la convicción de que sin poder popular, sin organizaciones populares fuertes, no puede haber una política de vivienda que vaya a la raíz del problema y acabe con la especulación urbanística, si no directamente con la promoción privada de vivienda con fines lucrativos.

El camino en la actualidad debe ser el apoyo a aquellos movimientos sociales que plantean el conflicto de la vivienda sin paliativos, como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y las acciones de Stop Desaucios. Desde la acción política de calle, pero también desde las instituciones, los partidos políticos que se digan de izquierdas deben apoyar el movimiento contra los desahucios, la okupación para la reubicación de familias desahuciadas, etc.

La oligarquía post-franquista y los partidos del turno deben saber que las organizaciones populares no vamos a quedarnos cruzadas de brazos si intentan revivir al monstruo de la especulación urbanística.  El precio que las clases populares tenemos que pagar como resultado de ese modelo es demasiado alto.

VIVIENDA DIGNA TA TODAS Y TOTZ

ESPECULACIÓN URBANÍSTICA NUNCA MÁS

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