Por una Red de organizaciones anticapitalistas en Aragón

Por la necesidad de articular una Red de organizaciones anticapitalistas aragonesas, que permita responder a las agresiones del capital

    

Prefacio

El 17 de diciembre de 2010, mientras los liberados sindicales “más representativos” dormitaban perezosamente con sus pancartas, galletas y proclamas prestas  para las movilizaciones que habían convocado al día siguiente contra el pensionazo, esa infamante medida antisocial según dijeron en u principio, un joven tunecino…….se inmolaba frente a una comisaría tunecina en un trágico gesto que “abrió las compuertas de la revolución”, en el mundo árabe y mas allá.

Ese 17 de diciembre, mientras esos liberados sindicales ensayaban su indignación y disimulaban su abulia… su torpeza, Zapatero (y seguramente Toxo y Candido) ya sabían del pacto que iba a dar que salida a ese conflicto -no deseado por ninguna de las partes- y, una vez más, iban a demostrarnos como este trabado de intereses que forman los aparatos del PSOE, UGT y CCOO tiene más éxito, mas tino y más eficiencia aplicando el programa neoliberal que el socialdemócrata.

En numerosos países árabes (Tunez, Egipto, Yemen,…) se abre un nuevo ciclo de movilizaciones populares que se sacuden el talón de hierro de las dictaduras para poder acceder al reparto de la riqueza, espoleados por una carestía de los productos básicos acelerada por la confluencia de las recomendaciones del FMI y la nueva burbuja financiera y, también por una falta de expectativas desesperante.

A sólo unos 300 Km. , al otro lado del mediterráneo, la punta de lanza de la penetración neoliberal en los sindicatos europeos… es decir los aparatos centrales UGT y CCOO, se prestaban a  abrir una negociación sumergidos en las heladas aguas del cálculo burgués y que, a la postre, desembocó en un pacto que crea las mejores condiciones posibles para que en el futuro: una parte de los ahorros de los trabajadores y las trabajadoras del estado español vayan a planes privados de pensiones y, por lo tanto, aseguren flujos financieros constantes a los anónimos actores de los mercados que especulan y negocian, con nuestra vida, nuestra muerte y nuestro hambre.

La crisis económica

Algunos autores asimilan esta crisis a la gran depresión, no en vano ha sido una de las más virulentas del capitalismo de las últimas décadas. Ha golpeado con fuerza los estados subalternos de Europa, el arco mediterráneo, Europa del Este, Irlanda, etc. En el  estado español se observan los efectos discriminatorios de la crisis, no solo por cómo afecta de forma diferenciada a diferentes países, regiones y ciudades, sino también en cómo se ceba con la clase trabajadora, mujeres, jóvenes, inmigrantes etc…

En un principio hubo grandes movimientos y declaraciones de las clases dirigentes prometiendo regulaciones y medidas de emergencia, cambios y mejoras. Se habló incluso de suprimir los paraísos fiscales. Pero el pánico pasó y todo volvió a su ser, es decir a descargar sobre las espaldas de los más pobres la factura del “ajuste”. Rescatando a los bancos y pasando la factura a las clases populares.

Pero este solo es el último acto de un escenario que se comienza a fraguar, como es sabido, en los años 70 que es cuando la tasa de rentabilidad comienza a caer y el impulso del capitalismo típicamente industrial -fordista y keynesyano- posterior a la segunda guerra mundial, se agota y entra en crisis. No vamos a describir aquí todo el proceso pero si es necesario apuntar que esa etapa previa es un periodo excepcional en la historia del capitalismo. Es una etapa caracterizada por una larga ausencia de crisis, por una larga ola de crecimiento y por la necesidad de hacer concesiones a los trabajadores cuyas organizaciones salían fortalecidas por su victoria antifascista. Las organizaciones obreras, con el prestigio de su lucha en la Resistencia antifascista, consiguen arrancar mejoras en las  condiciones de vida de los trabajadores dada la debilidad estratégica de la burguesía por su implicación en el ascenso del fascismo y la amenaza, aun latente, de una revolución social. Hay que tener en cuenta también que la economía experimenta un crecimiento extraordinario a gran escala, que parte de una Europa en ruinas en que los USA consiguen desplegar su modelo de producción industrial y agropecuario y su hegemonía cultural. El territorio europeo quedaría dividido como consecuencia de la partición acordada por los vencedores de la II Guerra Mundial. De inmediato da comienzo la guerra fría cuyo primer episodio muchos historiadores sitúan en el lanzamiento de las dos innecesarias bombas atómicas sobre Japón. USA está decidida a imponer su supremacía y lo manifiesta de esta forma harto violenta, pero también con medidas como negarse a que la URSS percibiese las indemnizaciones de guerra y los diversos planes económicos desplegados para desarrollar los países de su área de influencia e incluso ayudando a sostener la dictadura fascista en el estado español. En el papel de gran potencia hegemónica, USA promueve los procesos de sustitución del colonialismo clásico por el neocolonialismo, caracterizado por la instauración de gobiernos títeres del nuevo imperio y la diseminación de bases militares por todo el planeta. Las revoluciones actuales tanto en América Central y del Sur, como en los países árabes son una nueva oleada descolonizadora que trata de acabar con gobiernos y oligarquías al servicio del imperialismo. Revoluciones y luchas que surgen también de la confrontación directa contra la ofensiva neoliberal que, aprovechando la derrota del bloque burocrático y la debilidad organizativa de la izquierda, trata de recuperar la tasa de ganancia mediante el desmantelamiento del estado del bienestar donde lo hay y el retroceso de las conquistas de los trabajadores en todas partes.

Ese crecimiento económico real, genuino, (¡El paro era un fenómeno residual!) facilitó la realización de concesiones sociales y el aumento de la renta de la clase obrera que se desgajó, dando origen a la nebulosa clase media que realimentó con su capacidad de consumo el sistema productivo dando origen a la “sociedad de consumo”, fenómeno casi paralelo al pacto social del “estado del bienestar”.

Sin embargo ya a finales de los 60s la tasa de rentabilidad se debilita y el  modelo keynesiano comienza a dar síntomas de agotamiento. En 1970 se suceden crisis bursátiles, devaluación de varias monedas y el crecimiento del PIB se reduce drásticamente en los países de la OCDE. En este contexto, se produce el alza de precios de varios productos básicos (trigo, algodón, cobre y otros) aunque será cuando la OPEP[1] decida elevar los precios del petróleo cuando se desencadene una crisis financiera que venía estando larvada.

Comienza aquí una crisis de la tasa de rentabilidad producida, entre otros factores, por un agotamiento de la  onda tecnológica iniciada tras la segunda guerra mundial.  El empuje de la reconstrucción de Europa estaba extinguido. Se puso el parche de la limitación de la vida útil de los bienes de consumo. Pero el capitalismo se había concentrado en las mejoras de avances ya existentes, y por otro lado, las fuerzas sociales tenían entonces muy bien cogido el paso al sistema y restan margen de maniobra al capitalismo con su combatividad y crítica.

Esta crisis, dejó  como resultado, una situación en la que la economía de los países desarrollados bajó el ritmo de crecimiento de la etapa anterior y aparecieron signos de deterioro estructural que prácticamente no nos han abandonado, como una alta tasa de desempleo y tensiones inflacionistas recurrentes. Mientras que en los países del sur global comenzó la pesadilla de la deuda externa

En un intento desesperado por recuperarla rentabilidad se produce una ofensiva ideológica, económica, social y política a partir de los años 70, un movimiento tendente a restaurar el poder de clase perdido por parte de las élites capitalistas, a esta reacción, y su concreción en un programa económico  se le conoce como neoliberalismo

El neoliberalismo como receta

El liberalismo y sus defensores tenían escaso eco en el mundo académico en los años anteriores a los 70 debido a su fracaso de gestión en la Gran Depresión del 1929. Pero la urgencia por restaurar la tasa de ganancia de un modo estable hace buscar en las viejas fórmulas, nuevas perspectivas.

Esta doctrina se basa en la premisa de la reorganización de la distribución de la renta: la riqueza que había permeado a sectores amplios de la clase obrera occidental a mediados de siglo iba a ser expropiada progresivamente. Esta desposesión se apoya en diferentes estrategias: privatizaciones, desregulación del trabajo, externalización/subcontrata de servicios y apertura total de mercados: condición esta última que permite deslocalizar la producción al sur global. Esta receta  se repite como un mantra desde las instituciones de la economía global y de la gobernanza (FMI, BM, etc…), lugares donde las clases dominantes habían conseguido establecer la unanimidad ideológica cooptando y silenciando a los economistas (y otros profesionales) críticos y, financiando a los afines, sus think thank, tertulias, medios de comunicación, departamentos académicos, etc…

No vamos a describir el proceso de saqueo de lo público de las privatizaciones. Pero si es necesario saber cómo fue imprescindible  para la clase capitalista “desatar” al capitalismo de las leyes antimonopolio y las regulaciones establecidas tras el enorme desastre que supuso para el mundo la Gran Depresión del 29 y así recuperar temporalmente su maltrecha tasa de crecimiento. Lo que los intelectuales capitalistas venden como una liberación ha supuesto para la mayor parte de los de abajo en el mundo un verdadero descalabro, en derechos sociales, eliminación precios regulados para productos básicos, precarización, expulsión de las tierras, paro, etc.

Entre tanto el movimiento obrero ha sufrido una derrota histórica que aún hoy no se ha comenzado a comprender, en muchos casos ni siquiera a aceptar. Por un lado esto se debe a la estrategia de centrales sindicales socialdemócratas de acompañar a los partidos socialdemócratas del turno en toda Europa. Esta unión no se rompió en la deriva neoliberal, lo que ha llevado a sindicatos con gran capacidad de convocatoria a tutelar reformas legales regresivas y reaccionarias. Por otro lado en las últimas décadas se ha producido una extraordinaria innovación política y social que ha transformado radicalmente las estrategias de control social, de construcción de la opinión pública, de gestión de conflictos laborales. No solo ha cambiado la forma de gestionar la sociedad, si no que directamente han aparecido nuevas tecnologías. Por un lado aquellas ligadas al control, para la rápida identificación y desactivación de “situaciones de riesgo” y conflictividad social, movimientos antagonistas, etc. No en vano la población carcelaria se ha multiplicado en las últimas décadas. Y por otro las tecnologías de disciplinamiento económico y social ligadas a la deuda. A nivel macro, entre estados, la deuda externa permite manipular las políticas estatales hacia programas absolutamente entreguistas y suicidas; y a nivel micro los créditos al consumo permiten a las clases trabajadoras acceder a un objeto de consumo mucho antes de que hayan podido trabajar para pagarlo, quedando así la persona vinculada al trabajo precario sin capacidad de elección.

Por otro lado hay un proceso paralelo, dada la correlación de fuerzas entre capital financiero e industrial en el contexto de crisis de rentabilidad, el programa neoliberal transforma completamente el  mercado financiero convirtiéndolo en un lugar al que acuden los grandes grupos industriales, no a buscar financiación para las inversiones productivas, sino a mejorar sus cuentas de resultados jugando a la bolsa. Como la tarta no puede ser mas grande se busca la desposesión de la parte de otros:  la liberalización de los precios básicos, tras el colapso del sistema de Bretton Woods[2], y la apertura de los sistemas financieros nacionales a los flujos internacionales de capital, permite a actores con gran poder económico efectuar ataques especulativos en tiempos mínimos con los que se obtienen grandes beneficios y se apropian de una parte, cada vez mayor, de la riqueza generada por la economía productiva comprometiendo en muchos casos su futuro.

La evolución del neoliberalismo se ha apoyado también en el proceso de globalización de la economía que ha permitido al capital trasnacional no solo apropiarse de las rentas de las clases trabajadoras y de los recursos del sur global, si no también tomar al asalto los mercados estatales o saquear mercados financieros. Es el caso de Japón, que era acabando los 80s la segunda potencia económica por delante de Europa y en su crecimiento chocó con los intereses de los Estados Unidos, ya por entonces en declive.  Poco después de acabar la Primera Guerra del golfo en 1991, Japón es obligado a abrir su mercado y sin aranceles la economía japonesa se encuentra desarmada para hacer frente a su profunda dependencia energética.  Este ataque económico hizo caer a Japón en una depresión económica de la que todavía no se había recuperado antes del Gran Terremoto.

La situación de la clase trabajadora

La ofensiva capitalista del neoliberalismo, agravada tras del hundimiento del socialismo burocrático de la URSS, ha podido llevarse a cabo por la debilidad  de las organizaciones de la clase trabajadora. La deslocalización, la política capitalista de producción a menores costes, ha frenado luchas y puesto en riesgo el internacionalismo solidario, alimentando el dumping social, una subasta a la baja de derecho. Este proceso conjunto de embestida neoliberal y decaimiento de luchas nos ha llevado a presenciar acontecimientos impensables décadas atrás: en Alemania llevan bastantes años reduciendo la capacidad adquisitiva y los derechos de los trabajadores; en Francia se ha  arremetido contra la jornada de las 35 horas; en multitud de estados ha imperado la pasividad ante los recortes de derechos. Sin embargo en Argentina a raíz del corralito y la caída de varios gobiernos se han dado experiencias de autogestión obrera muy interesantes. En el estado francés el gobierno tuvo que retirar el contrato basura ante la resistencia de los trabajadores y recientemente ha habido varias huelgas generales con amplias movilizaciones en la calle.

En el estado español la clase obrera se encuentra en una situación de evidente retroceso aun más acentuado que entre nuestros vecinos. Nos centramos en el momento actual en un proceso de declive del movimiento obrero y sus organizaciones (especialmente las mayoritarias) que han visto dramáticamente mermada su capacidad para influir en le realidad a favor de las trabajadoras y los trabajadores  (¡Y por lo tanto su utilidad¡). En este sentido la fuerza del movimiento obrero varía mucho dependiendo de los diferentes países y ciudades en función de la pervivencia del trabajo industrial o plantillas masificadas, baluartes de la identidad obrera.

Provenimos pues de una larga desmovilización social, especialmente penosa en el contexto actual de crisis capitalista. Esta desmovilización se apoya en la política de concertación desarrollada por los sindicatos mayoritarios y el desprestigio de éstos frente a la clase trabajadora. El carácter disfuncional de las centrales sindicales ha sido aprovechado por el social-liberalismo, la derecha y los medios de comunicación a su servicio para atacar a la huelga general y sus convocantes. Y es que ha sido notable, tanto la ausencia de suficientes cuadros capacitados para desarrollar la movilización, como la pérdida base social activa. Mientras tanto la alternativa sindical zozobra entre las posiciones sectarias por parte de sindicatos minoritarios combativos y la prepotencia, también sectaria, de los mayoritarios. En este contexto caótico reina por el momento el escepticismo sobre la posibilidad de frenar las políticas económicas gubernamentales: aunque la hegemonía cultural del neoliberalismo hoy no es suficiente para que la clase trabajadora lo acepte como la mejor opción, es bastante para asfixiar las posibles alternativas.

Desde que comenzó la crisis los sindicatos mayoritarios evidenciaron fuertes resistencias e incapacidades a la hora de lanzar una campaña de movilizaciones sostenida que chocaba de frente con la “cultura de la concertación”. Son ya muchos años de concertación, de ejecutivas políticas y sindicales “social-liberales” y relación fluida entre gobierno y sindicatos. Sin embargo, se abrió un paréntesis de trabajo unitario cuando el gobierno asustado renuncio a la tímida salida social y abrazó con fuerza el programa dictado desde las agencias de calificación, el FMI y la UE. Semejante ataque gubernamental a los derechos sociales no era para menos. En este primer momento a los sindicatos mayoritarios les costó mucho tomar la iniciativa y, más aun, mantenerla de un modo efectivo. Las dudas en la dirección sindical eran evidentes, como también eran evidentes la erosión política de todos estos años de “fiesta” por su conexión con el PSOE y su capacidad movilizadora mermada.

Frente a la situación de práctica parálisis del sindicalismo mayoritario en el estado español, voluntariamente aislado también de la ola de huelgas y luchas que recorren Europa y fundamentalmente en el Francia, Grecia, Portugal etc, en Aragón se levantó una coordinadora sindical. La Plataforma que la Crisis la Paguen los Ricos. Esta coordinadora sirvió  para desarrollar una práctica sindical unitaria hasta entonces inédita. Fue punto de encuentro de los “otros” sindicatos que asumían la tarea de organizar la resistencia a la agenda neoliberal impulsada por el gobierno del PSOE.

Desde un primer momento la Plataforma que la Crisis la Paguen los Ricos fue capaz de desarrollar un trabajo unitario y de canalizar parte del descontento social en sus manifestaciones. Coordinando su trabajo con otros movimientos y plataformas sociales se ha conformado un polo de resistencia que fue un referente para el sector más combativo y joven del movimiento obrero en este momento y foro obligado de trabajo para los anticapitalistas zaragozanos.

En la agenda de la Plataforma que la Crisis la Paguen los Ricos estaba recuperar la huelga general como herramienta de lucha de la clase trabajadora: garante de los derechos sociales.

En el lapso de tiempo que se sitúa entre el giro neoliberal del gobierno y la huelga general del 29 S, el papel de la plataforma ha sido muy importante y valioso. Por un lado, como experiencia inedita no sectaria, de acumulación de fuerzas sindicales combativas y, por otro, puso mucho mas difícil durante ese tiempo a los mayoritarios el descolgarse de la movilización.

Las dificultades que CCOO y UGT tenían para reorientar su posición pactista por una más combativa (y las resistencias interiores) se vieron desde un primer momento y la desmovilización y la pérdida de hegemonía del discurso sindical, que su actitud había favorecido, se puso claramente de manifiesto, en las formas como se convoco la huelga del sector público y el resultado tan decepcionante que obtuvo, mucho más llamativo a la luz de las continuidad de las jornadas de lucha y huelgas en Francia (unitarias en torno a una intersindical muy combativa en sus bases) o las huelgas genérales de Grecia con la emergencia de nuevos sindicatos alternativos

EL 29 S

La convocatoria y trabajos previos de la Huelga general transcurrieron en un contexto de desmovilización  y de implicación desigual (por ser generosos) de las confederaciones sindicales UGT y CCOO. Fue un mero “salvar los muebles”. La ridícula preparación de la huelga de la administración pública y la convocatoria de huelga llevada a una fecha lejana y complicada lastraron la movilización de forma nada inocente. Sin embargo el resultado -mucho más esperanzador de lo previsto- ampliaba el margen para continuar con la movilización ante el paquete neoliberal de medidas antisociales todavía por venir

Los piquetes en las grandes ciudades fueron, en muchos casos, ejemplos de unidad sindical entre los mayoritarios y los alternativos y, aun más, lugar de convergencia con las plataformas sociales contra la crisis y con el conjunto de los movimientos sociales. Precisamente la escasa preparación de la huelga por parte de los sindicatos oficialistas hizo que tuviera especial importancia el papel de los movimientos sociales en esta lucha: en la concreción de la Huelga General. Por el contrario papel jugado en los piquetes por los cuadros de las grandes centrales sindicales no pudo ser más desafortunado: acudiendo a hacerse la foto y tratando de de desconvocar luego a las bases, sindicalismo de escaparate.

La huelga paró la industria y transportes,  fracasó en el Comercio y Administración Publica  y tuvo un seguimiento escaso en Servicios. Sin embargo, las manifestaciones de la tarde, volvieron a mostrar un movimiento de protesta amplio y representativo contra las políticas de recorte y ajuste neoliberal. Toda esa gente con trabajos precarios que no se atrevió a parar por la mañana encontró su momento para expresar el enfado junto a parados, autónomos, mujeres, inmigrantes, etc. Esta circunstancia se repitió también fuera de Aragón y nos indica hasta qué punto ha cambiado la estructura social y las condiciones de trabajo: la huelga, en el formato “light” en que se convocó, no fue una herramienta de lucha adecuada para algunos de los sectores más explotados de las clases trabajadoras.

El gobierno de Zapatero salió de la huelga muy “tocado” en su electorado y su base social. Quedó claro, al margen de la cantidad de huelguistas, el hecho de que la mayoría de su base social y la mayoría de los y las trabajadoras no están de acuerdo con el giro antisocial que han adoptado.

Sin embargo no debemos de confundir un análisis de los sindicatos estatales con una panorámica del sindicalismo en el Estado español. Si hay algo verdaderamente característico en el sindicalismo estatal es la heterogeneidad territorial. El sindicalismo de clase cuenta con organizaciones que están demostrando gran capacidad de movilización en diferentes países del estado, no solo frente a conflictos concretos, si no en la convocatoria de huelgas generales. Cabe destacar Catalunya, Galiza y Euskal Herria, sirviendo de referencia la Mayoría Sindical Vasca como ejemplo de la posibilidad real de desafiar la mayoría “social-liberal” estatal. En Andalucía se da un proceso de acumulación de fuerzas particular, en torno al Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), que está siendo objeto de continuas sanciones y persecución judicial. La transformación del actual marco sindical burocrático y reformista pasará probablemente por algún tipo de articulación de las luchas y las organizaciones de los diferentes países y territorios.

La situación posterior al 29-S

La respuesta al 29S, a pesar del extraordinario resultado en relación con el difícil contexto en que se realizó, no se ha querido abrir después de la huelga un proceso de ascenso de las movilizaciones. Ni siquiera la movilización ha continuado, antes del pacto, durante un tiempo suficiente buscando llegar a éste con una correlación de fuerzas más favorable. Hasta la batalla mediática por los resultados de la huelga se perdió por la pasividad de los sindicatos mayoritarios en el tiempo inmediatamente posterior.

CCOO y UGT no han tenido ninguna voluntad de propuesta de continuidad de movilización después de la huelga y volvieron a dejar la iniciativa a la patronal, con el capital financiero a la cabeza, y al gobierno. Aquí se muestran los límites que evidencian  el verdadero carácter de estos sindicatos. Por un lado no existía la voluntad de arrancar procesos largos de movilización hacia la acumulación de fuerzas. Y por otro lado los dirigentes de estos sindicatos saben perfectamente que en semejante contexto de movilización: o bien sus organizaciones retrocederían frente a otras más combativas o la línea política de concertación y pacto sin movilización se disolvería para dar paso a otra estrategia y a otros dirigentes.

El Pacto

Es precisamente ese conflicto entre concertación y movilización el factor decisivo para el fatal desenlace. La dirección de las grandes centrales sindicales no tiene estrategia de recambio.

El objetivo político es el de asegurar la paz social en lo que queda de legislatura a cambio de frenar alguno de los ataques más duros de la agenda neoliberal y, por otro lado, seguir manteniendo unida y bien lubricada con euros la red burocrático-clientelar que han acabado conformando las direcciones sindicales con la dirección del PSOE.

“Estos objetivos y voluntad de pacto son de clara colaboración con el sostenimiento del sistema capitalista, sus medidas suponen el acatamiento de lo que dictan los mercados con pequeños retoques para guardar las formas. Retoques y maquillajes que la probable victoria del PP en las próximas elecciones barrerá de un plumazo, encontrando a los trabajadores en la peor de las situaciones, a causa de tanta concertación, para enfrentar lo que será la aplicación dura de las medidas adoptadas por la socialdemocracia neoliberal con la concertación-colaboración de los sindicatos mayoritarios. El nuevo gobierno crearía un nuevo escenario con una gestión todavía más dura de este marco antisocial, y UGT, CCOO y PSOE podrían encontrar oportunidades de redefinir la relación con sus bases sociales, después de haberles sacudido a conciencia.

La debilidad de la respuesta social, su articulación todavía “adolescente” entre alternativos y mayoritarios, el contexto de crisis fiscal con las señales de socialización de la deuda privada (es decir que parte de la factura de las pérdidas y deudas asumidas por las empresas privadas las pagamos entre todos a través de diversos mecanismos), nos coloca frente a un periodo en el que los ataques  sociales van a continuar. Y por otro lado, el pacto va a tener un coste enorme para la clase trabajadora en términos sociales sobre todo, pero también en desorientación y desmovilización. La mayoría sindical ha avalado el fin de nuestro “pequeño” estado del bienestar.

15M. Recuperación de la movilización

El 15 de mayo se convocaron movilizaciones en todo el estado por parte de Juventud Sin Futuro y Democracia Real Ya.

Pese a las previsiones existentes, las convocatorias fueron un éxito. Tras la misma en Madrid un grupo de participantes optan por acampar en Sol. El desalojo de los acampados, extremadamente violento, produjo un movimiento de solidaridad que derivó en acampadas en todo el estado. En torno a las elecciones del 22M todas las acampadas fueron levantándose pero el movimiento ha seguido, trasladándose a barrios centros de trabajo, etc.

Pese a que los orígenes del 15M se centraban casi exclusivamente en exigir más democracia, poco a poco se ha ido radicalizando y tomando visiones y reivindicaciones mucho más globales y de clase.

En el momento actual y pese a la incertidumbre que se generó tras el verano, las manifestaciones (que esta vez fueron en todo el mundo) del 15O han demostrado que el movimiento 15M sigue estando vivo, y que aunque en el trabajo del día a día no haya asambleas masivas la gente sigue creyendo que el movimiento es necesario, y que ante futuras convocatorias se obtendrá respuesta.

Desde la Red Anticapitalista creemos que la participación leal en el 15M es imprescindible ya que el 15M ha sido capaz de generar una esperanza en las luchas a mucha gente, ayudando a recuperar la consciencia de que la lucha unitaria es imprescindible y motor de victorias.

Por nuestra parte intentaremos que las ideas y planteamientos anticapitalistas vayan saliendo adelante. Es necesario, sin forzar los ritmos del movimiento, hacer ver a la gente que el capitalismo ni puede ni quiere asumir el núcleo de las reivindicaciones. Que tenemos que derribar al capitalismo si queremos conseguir las demandas más elementales.

Por un Marco Aragonés de Relaciones Laborales. (MARL)

En el contexto de la crisis, la lucha por un marco aragonés de Relaciones laborales podría contribuir a poner en jaque a la mayoría sindical apesebrada. La constitución de un marco autonómico de relaciones laborales supondría, por un lado, limitar el poder económico y político del estado español, pero sobre todo, significaría un gran paso en la democratización de la economía, en el camino hacia el socialismo.

El MARL supondría el traspaso al gobierno aragonés de competencias laborales plenas, con la consiguiente gestión de los fondos recaudados mediante el IRPF y otros impuestos, tasas, retenciones, etc. Pasarían a estar bajo control de una consejería de trabajo la gestión de bajas incentivadas, bajas por enfermedad, subvenciones, pensiones, prestaciones, etc.

Pero sobre todo, en la lucha por un marco legal propio para la clase trabajadora aragonesa se podrían plantear frentes de lucha sindical para desbancar el statu quo de los sindicatos social-liberales. En el marco legal actual los sindicatos minoritarios y de ámbito no estatal quedan fuera de la negociación colectiva al no llegar en ningún caso al 15% de representación estatal que impone el corte para poder sentarse a la negociación colectiva y mirar cara a cara a la patronal. Pero evidentemente la autonomía laboral sin lucha sindical no significaría nada. Romper con esta barrera del sistema laboral español permitiría acabar con la hegemonía del sindicalismo entreguista, bien mediante la formación de intersindicales y frentes de lucha sindical, bien forzando a los sindicatos estatales a radicalizar su estrategia ante la ofensiva de los sindicatos combativos.

Reivindicar espacios de soberanía y luchar por la democratización de las decisiones económicas debe ser una prioridad no solo para los sindicatos de clase, si no también para las organizaciones políticas que luchan por la justicia social y los intereses de las clases populares. Se trata, en cualquier caso, de una propuesta estratégica de acción y lucha propositiva a tener en seria consideración.

La importancia de la lucha feminista

Actualmente, reivindicamos la centralidad de la lucha feminista en un momento de crisis sistémicas que, lejos de solucionarse -tal como nos quieren hacer creer desde los gobiernos-, no dejan de profundizarse día a día. La crisis económica, la crisis financiera, la crisis alimentaria y la crisis ecológica vienen también acompañadas de una crisis de los cuidados, y todas ellas visibilizan de manera punzante las caras más amargas y las contradicciones de un sistema capitalista heteropatriarcal, imperialista y racista basado en la lógica del beneficio económico y totalmente indiferente hacia el bienestar y los derechos de las personas, de los pueblos y del planeta.

Es por ello que la lucha feminista en estos momentos, si bien trabajando desde la autonomía, debe llevarse a cabo en alianza con todas las otras luchas y movimientos sociales en su denuncia contra la Europa del capital y las crisis.

La cuestión nacional

El desarrollo histórico de la acumulación capitalista no sólo tiene efectos en antagonismos de clase, también hace que unos territorios sean subsidiarios de otros, concentra los procesos productivos en unos lugares, de otros solo necesita mano de obra y los recursos naturales y, en otros, revierte los beneficios, articulando así una jerarquía de espacios que se conforman en centros y periferias a diferentes escalas.

La  caracterización de centro o periferia no tiene solo que ver con la localización, es decir la relación desigual, dependiente, colonial, no se caracteriza solo por la situación de un territorio más cercano más lejano -en un sentido espacial- de los centros de poder y grandes centros económicos de la globalización  (por ejemplo la llamada banana de oro en Europa), sino por el tipo y la complejidad de  las relaciones sociales y económicas que se producen en su seno y por su conexión con los flujos de esa globalización. Varios son los teóricos marxistas que han definido y estudiado el “colonialismo interior”.

Aragón es un ejemplo paradigmático de esto, colocada geográficamente cerca de varios de los centros urbano financieros del capitalismo global en el estado español y en Europa, ha cumplido siempre un papel subsidiario… colonial en la conformación histórica del capitalismo y en el lugar que ocupa, en el diseño estratégico del bloque social dominante del estado español. Con una cabeza hipertrófica (Zaragoza)  y con grandes espacios vacíos, carreteras y ferrocarriles solo allí donde hay recursos a explotar, en fin, una geografía similar al modelo colonial imperialista.

Para hacer subsidiario y dependiente a un territorio con una personalidad diferenciada como el nuestro, el capitalismo en su proceso de acumulación, ha necesitado romper con los vínculos sociales preexistentes, las costumbres en común, vaciar y reordenar todo aquello que cultural o materialmente suponía impedimentos u obstáculos a su libre desarrollo. Para ello, uno de sus instrumentos favoritos ha sido la aculturación …pues todos los comunes, propiedades sociales o azofras hablaban en aragonés …y por otro lado, cooptando a las elites aragonesas como vehículo del vaciamiento de la cultura popular aragonesa y su congelamiento en un modelo reaccionario acorde con sus propósitos como es la del baturro. Otro instrumento han sido las guerras civiles de las que hemos soportado varias, que han ido laminando nuestra personalidad histórica  nuestra cultura y nuestra capacidad de decisión.

Hoy, que una de las batallas de los y las de abajo, se está dando en torno a la recuperación de la soberanía popular, de la capacidad de decisión y del ¨buen gobierno”, se presenta como una tarea central para los anticapitalistas en Aragón la reconstrucción de la cultura y soberanía popular aragonesa, con contenidos anticapitalistas y  radical democráticos y, también, de los instrumentos políticos e instituciones que garanticen su reproducción y continúen así su largo viaje en la historia. En este sentido, la autodeterminación es el mecanismo democrático que los pueblos pueden oponer para superar los marcos neocoloniales.

Continuar con la movilización social y construir un polo anticapitalista

En este próximo ciclo nos enfrentamos a desafíos muy importantes y situaciones que pueden arrastrar a mucha gente a la desmoralización. La crisis del modelo sindical (CCOO y UGT) es un hecho. Eso sí, está por ver si hay de recambio sindicatos mas combativos y nuevas formas de lucha, o sencillamente una parte importante de la base sindical y social del pueblo de izquierdas se retira a sus casas (o ambas cosas a la vez).

Lo que si es cierto es que continuara el empobrecimiento general de los y las trabajadoras, los ataques a sus derechos. La presión en el curro por parte de jefes y capataces se va a agravar. Del mismo modo que la guerra social de los mercados contra los pobres continuara. Van a existir nuevos conflictos y posiblemente la brecha social se haga más ancha y profunda.

Hay que empezar a mirar en varias escalas de tiempo y de espacio. Hay que trabajar por articular repuestas y alternativas tanto a las consecuencias concretas de la políticas hasta ahora implementadas… desahucios, paro, privatizaciones, carestía de la vida, tasas, privatizaciones, etc. como a los planes de restauración del poder de clase a escala global y, sobretodo, en la UE.

En el largo plazo podríamos ver como este saqueo no es un simple pillaje coyuntural. Esta desposesión generalizada de nuestros derechos, estas oleadas privatizadoras, este aumento exacerbado de la explotación… se trata de una nueva acumulación de capital, como una desamortización. El capitalismo está cargando baterías, está llevando a cabo una acumulación de poder que podría desencadenar luego transformaciones sociales graves, profundas…

Y aquí y ahora, hay que pegarse a una realidad un tanto difícil. El retroceso es posible. Pero hay que fijarse en las posibilidades, en el amplio espacio de trabajo que se nos ofrece ante el fracaso y la desilusión generada por la vía de la concertación. En ese espacio es posible agruparnos en torno a reivindicaciones que mejoren las condiciones concretas de vida de los y las asalariadas, y tiendan a desarrollar una lógica anticapitalista que fortalezca posiciones y genere esperanza entre los de abajo.

Tampoco hay perder de vista como la crisis financiera acelera la historia en el Magreb y Centro y Sur América. Las hermosas revoluciones en marcha tienen todavía mucho que decir: la más que posible incidencia en todo el tablero mediterráneo y los cambios posibles distribución de rentas provenientes de recursos naturales hasta ahora “apropiados” por las multinacionales de la UE y USA. Aunque quizá las revoluciones a su vez aceleren también la infamia y se reedite la foto de las Azores con Obama y Zapatero…

Durante la huelga, en esos días de paréntesis de movilización social, los sindicatos más combativos y la izquierda anticapitalista fueron capaces de actuar como motores de todo el proceso.

Y queremos ir más allá. Nos planteamos la necesidad de acumular fuerzas militantes, análisis y experiencias, como una tarea prioritaria. Sentimos la necesidad de unir, no tanto como la suma mecánica de grupos, como la agrupación de experiencias en torno a las reivindicaciones que surgen de la clase trabajadora incorporándolas a una estrategia anticapitalista.

Desde un punto de vista y una práctica no dogmática, sin pretensiones hegemónicas y con la certeza de que este es sólo un primer paso de ese proceso, en el que diferentes colectivos, organizaciones y personas se agrupen en un bloque social alternativo que proponga una salida verdaderamente social a la crisis. Es decir, una salida verdaderamente anticapitalista, social, ecologista, feminista y en clave nacional aragonesa.

Para ello damos este primer paso. Compartiendo la experiencias militantes continuadas. Abiertos a reelaborar y debatir, a confrontar con la realidad y con el trabajo en esa misma realidad. Nos proponemos crear una RED ANTICAPITALISTA DE ARAGÓN capaz se recoger estas aspiraciones y a quienes las comparten, ya sean organizaciones, sindicatos, colectivos o personas. Tenemos la determinación de crear un marco para esta tarea y un vínculo para unir la mejora de nuestra vida con la necesidad de un cambio radical en la organización de la economía. Una economía  dirigida, no al beneficio capitalista, sino a satisfacer las necesidades sociales. Una economía socialista, verdaderamente democrática.

En Zaragoza (Aragón), a 16 de Noviembre de 2011

Puyalón de Cuchas

Izquierda Anticapitalista de Aragón


[1]  En octubre de 1973 se cuadriplica el precio del petróleo como una represalia tomada por los países árabes para castigar el apoyo a Israel en la guerra del Yom Kippur. Al ser esta la causa inmediata de la crisis sirvió para ponerle nombre: Crisis del Petróleo.

[2]  Bretton Woods es el nombre con que se conoce a la conferencia internacional que en 1944, con el final de la guerra decidido, fijó las normas de comercio internacional vigentes hasta las reformas neoliberales. Fijó un sistema monetario mundial con referencia en el dólar, con el compromiso de la Reserva Federal de mantener la paridad dólar-oro.  El  General Agrement on Tarifs and Trade (GATT, 1947) completaría la instauración de un sistema comercial que favoreció el librecambismo bajo la tutela de EEUU. No en vano se fundaron el FMI y el BM, instituciones internacionales controladas mediante sufragio ponderado por la potencia usamericana y su Departamento del Tesoro. La paridad dólar-oro se rompió unilateralmente en 1971 en uno de los hitos del neoliberalismo, el gobierno de Nixon puso a trabajar la máquina de hacer dinero con la escusa de la campaña imperial de Vietnam iniciando el desguace del sistema Bretton Woods.

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