XI MARCHA CONTRA LA MACROCÁRCEL DE ZUERA (15-04-2012)

ENTRAN POR UNA PUERTA… Y SE QUEDAN DENTRO

Vivimos tiempos de demagogia informativa y política. De generar noticias espectaculares que refuerzan ideas como la inseguridad ciudadana o la supuesta levedad de las penas de cárcel. Estas noticias intencionadas se contagian a la población y las escuchamos repetidas con frecuencia. Si tuviéramos que hacer caso a los comentarios de bar, al condicionado vox populi tendríamos la sensación de que las cárceles españolas son poco menos que una residencia estudiantil.

Pero, si centramos un poco el foco, más allá de una serie de lamentables casos magnificados desde los medios, nos encontramos con una realidad penitenciaria que, en esencia, en vez de cambiar a mejor en 30 años, ha empeorado.

Por un lado, a lo largo de los años las penas se han incrementado, así como el tiempo medio de permanencia en prisión. La aplicación estricta de la legalidad está produciendo casos de acumulación de penas que suman décadas de prisión cuando la inmensa mayoría de la población penitenciaria la constituyen pequeños/as delincuentes con delitos leves contra la propiedad o menudeo de drogas. Lo legal no tiene porque ser justo.

Por otro lado una clase política incapaz de parar los pies a los/as verdaderos/as causantes de la salvaje crisis que vivimos desvía convenientemente la atención hacia posiciones que redundan en la idea de castigo, frente a otras alternativas. Las cárceles siguen sin estar en crisis, de hecho siguen siendo un gran negocio para las constructoras, contratas de servicios o empresas que se benefician del trabajo de las personas presas.

Mientras tanto las alternativas al encierro, que generalmente genera nuevos problemas sociales en vez de resolver los que el autor del delito generó, quedan eternamente aparcadas. Pero las hay: reparación del daño causado, restitución económica, tratamiento de dependencias y patologías. Nada de ello se soluciona con el encarcelamiento. Aunque existen alternativas contempladas por ley como la mediación, rara vez se aplican.

En este contexto la nueva propuesta de Ruiz Gallardón de endurecimiento de penas y cadena perpetua, aunque se le ponga otro nombre, no deja de ser absurda. En la práctica la cadena perpetua encubierta existe hace mucho en España. Nadie en su sano juicio pensaría que un ser humano sea capaz de sobrevivir a 30-40 años de reclusión ininterrumpida en las actuales condiciones carcelarias. El estado español ya tiene uno de los códigos penales más duros de la Europa Occidental, endurecerlo no haría más que empeorar todavía más la situación actual

Por otro lado otra de las reformas propuestas por el actual gobierno cuestiona la gratuidad de la defensa. Habida cuenta que son las capas más humildes de la sociedad las que más terminan en los juzgados, es fácil deducir que también serán quienes más padezcan esta reforma, pudiendo afectar al derecho a una defensa justa. No digamos ya hasta qué punto podría llegar la vulneración de ese derecho en el caso de una persona sin papeles, por ejemplo, que además no domine bien el castellano.

Entran por una puerta y salen por otra, se suele escuchar. Quizá convenga aclarar que en las cárceles hay muchas puertas, pero sólo una de entrada y, las cifras lo demuestran, por la que cada vez es más fácil entrar y más difícil salir.

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